Los planes del Gobierno italiano y de los propietarios de Alitalia sufren un duro revés. Si bien habían convencido a los sindicatos para aprobar una reestructuración que, en teoría, debía salvar la aerolínea de la quiebra, la plantilla no ha dado su apoyo a las medidas. Este lunes, de madrugada, el 65% de los trabajadores ha rechazado las 1.000 destituciones y las rebajas de sueldo de hasta el 20%. A la vista, la tercera quiebra en 20 años.

Los recortes debían llegar acompañados de una inversión de 1.000 millones de euros por parte de los tres principales accionistas: la aerolínea Etihad y los bancos Unicredit Intensa Sanpaolo. Ahora, en cambio, las negociaciones han tomado un curso inesperado, pues nadie preveía la negativa de los empleados. Así, Gobierno, empresa y sindicatos se reunieron este lunes de urgencia para estudiar los nuevos pasos a seguir.

Ley en mano, la compañía se enfrentaría a la liquidación: debería despedir al 50% de los trabajadores, recibir una inyección de capital pública y ponerse en el mercado. Una situación ideal para las grandes corporaciones aéreas de Europa. Sin embargo, El País apunta que lo más probable es que sindicatos y dirigentes vuelvan a la mesa de negociación. De no llegar a un nuevo acuerdo, la empresa deberá seguir operando hasta que se le acabe la liquidez.

El agujero financierio —una deuda que ronda los 500 millones de euros— no es el único problema de Alitalia. La compañía suma 121 aviones y una estructura de costes que convierte en imposible la competencia con las aerolíneas de bajo coste. En el otro extremo, el servicio ofrecido se mantiene lejos del que disponen a bordo otras operadoras de largo radio. Los vuelos intercontinentales no han remontado ni tras la compra de Etihad, en 2014, del 49% del capital.

La compañía se asoma a una nueva quiebra después de la vivida en 2008. Un nuevo revés que los trabajadores aspiran a evitar, aludiendo a las ayudas estatal para la antigua aerolínea de bandera del país.

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