No había ninguna duda que el 737 MAX acabaría pasando factura a Boeing, y que el primer vuelo del 777X el pasado sábado tan solo era un intento para amenizar el impacto de la presentación de los resultados financieros del fabricante estadounidense del año pasado. En total, la empresa ha anunciado unas pérdidas de 636 millones de dólares (578 millones de euros) durante el ejercicio de 2019. Se trata del primer resultado negativo en más de dos décadas.

Boeing está atravesando tiempos muy difíciles. Su modelo, que iba a ser el más exitoso de la historia, el 737 MAX, se encuentra con una prohibición para volar a nivel global después de dos accidentes fatales que dejaron 346 víctimas mortales. Las investigaciones han desvelado fallos en el sistema de estabilización y posibles negligencias durante el proceso de certificación. Por el momento, en el último trimestre ha contabilizado un cargo de 2.600 millones de dólares para poder afrontar las potenciales compensaciones que deberá dar a sus clientes; como Ryanair, Norwegian y Southwest entre muchos otros. Estos operadores se han visto afectados por la puesta en tierra y ha provocado la cancelación de rutas, cierre de bases,  despidos, quiebras y planes de crecimiento.

El bloqueo del 737 MAX también ha rebajado las entregas de aviones comerciales de Boeing durante el año, ya que se han reducido un 52,8% con respecto a las 806 efectuadas en 2018, cuando alcanzó su récord, hasta las 380. El pasado mes de diciembre, Boeing anuncio que paraba temporalmente la producción del 737 MAX. En el exterior de la cadena final de montaje se acumulan más de 400 aeronaves de este modelo esperando a poder ser entregados.

Los ingresos totales de la compañía decrecieron un 24% el pasado año con respecto a 2018, hasta los 76.559 millones de dólares (69.584,4 millones de euros). Por otra parte, los gastos se situaron en 72.093 millones de dólares (65.525 millones de euros), un 11% por debajo de los de 2018. Todo esto se traduce en la primera pérdida anual en más de dos décadas (desde 1997). Para la centenaria Boeing, uno de los grandes símbolos de poderío industrial de Estados Unidos, 2019 ha sido su año más negro.

Los ingresos de la división de aviones comerciales se redujeron un 44%, hasta los 32.255 millones de dólares (29.316 millones de euros). Por su parte, la división Boeing Defense, Space & Security registró unos ingresos de 26.227 millones de dólares (23.837 millones de euros), un 1% menos que en 2018.

La desconfianza de los inversores crece cada día que el avión está en tierra. El veto, que tan solo iba a durar poco tiempo, va a camino de llegar al año. En estos últimos diez meses, el valor en Boeing en bolsa ha descendido una cuarta parte. Como medida express, el pasado 24 de diciembre, Boeing despidió a su consejero delegado por la gestión de la crisis. El nuevo consejero delegado, Dave Calhoun, ha reconocido que “queda mucho trabajo por hacer” e insistió en que la firma está centrada en que el polémico modelo vuelva a entrar en servicio “con seguridad”, pero también aseguró que tiene “la liquidez” necesaria para afrontar el “proceso de recuperación”.

Esperamos que todo a partir de ahora todo vaya a mejor y que aprendamos de los errores del pasado.